Crónicas Económicas - 2007




Alfredo Etchegaray - Relacionista Público y Empresario PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 13 de Enero de 2010 23:48

3 de Julio, 2007


“A nuestro país le ha ganado el desestímulo”


Es el relacionista público número uno de Uruguay, y enumerar todas sus actividades no es tarea sencilla. Locuaz, creativo, visionario e hiperactivo. Conocedor de su oficio, propone ideas y es crítico del papel que juega el Estado en muchos aspectos.

¿Cómo fue el camino que lo llevó a ser relacionista público?

Como dice Serrat, ‘caminante no hay camino, se hace camino al andar’… Nací en una familia que me motivó todo tipo de aprendizajes. Estudié cinco idiomas, también marketing en la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, aprendí inseminación artificial en vacunos, avicultura; y como tenía facilidad empecé a ganarme mis primeros pesos pintando letras en bares y decorando. Además compraba  antigüedades, las restauraba y las mandaba de nuevo a remate. Tallé en madera y estudié algo de heráldica. Y coleccionando música me hice entendido en electrónica. Luego vino la etapa de discjockey, que fue cuando comencé con mi trabajo de relacionista público porque fui armando bases de datos con nombres de periodistas en economía, en sociales, en turismo, como también empresarios y celebridades. Mi pasión es aprender y ser creativo.

Hoy, con un largo trecho recorrido, ¿qué visión tiene de Uruguay?

Lamentablemente, para todos los que soñamos y queremos hacer, en los últimos 50 años a nuestro país le ha ganado el desestímulo. El aparato estatal no ha hecho más que agrandarse, volverse más burocrático y costoso. Y no ha creado las oportunidades para que los jóvenes visualicen su horizonte dentro de su propio país. Acá se destina un 90% del tiempo a discutir y sólo el 10% a hacer. Uruguay es uno de los países de Latinoamérica que recibe menos inversión. Con ese panorama, para revertir la situación hay que crear oportunidades de trabajo. O se hace una gran reforma estatal con un management profesional, como a su manera ya lo demostró Nueva Zelanda, Finlandia e Irlanda, o multiplican la población por tres, como forma de que se diluyan los costos operativos que son inmensos. Por ejemplo, la Intendencia recauda 380 millones de dólares por año, o sea más de un millón de dólares por día, y después no tiene para tapar pozos.

¿Qué nos falta? ¿Hacia dónde deberíamos apuntar?

Hay que aprender de cómo está funcionando el mundo. En Dubai pagás 3.000 dólares, llenás un formulario en el aeropuerto, te hacen un chequeo de salud, verifican con Interpol que no tenés antecedentes y ya sos residente. Y no hay ni impuesto a la renta ni IVA. Pero además tienen un plan a largo plazo, cosa que acá no existe. Dubai, con poco más de un millón de habitantes se puso como meta captar 10 millones de turistas. Hoy Dubai crece a razón de un millón de turistas por año, y ya van en seis millones. Y la tienen clara, porque saben que el negocio del petróleo no es permanente.

¿Qué evaluación hace de la industria turística uruguaya?

Creo que el turismo tiene un enorme potencial pero queda muchísimo por hacer. Para empezar, Uruguay no está en la mayoría de los catálogos. Para figurar hay que crear nuevos productos por parte de los particulares, pero fomentados y alentados por el Estado. Cada embajada debería ser una verdadera oficina de marketing de los productos uruguayos y de la imagen del país. Tendrían que organizar desayunos y almuerzos con periodistas y empresarios en forma permanente, y transmitir sus inquietudes al gobierno central. Incluso habría que fomentar la competencia entre las embajadas, premiando a aquellas que logren más difusión del país, de sus oportunidades y sus productos turísticos. Y cada pueblo del Uruguay tiene que tener un polo de atracción.

Usted es muy crítico en sus apreciaciones. ¿Tiene propuestas para cambiar esa realidad de país?

Las tengo. La educación tiene que ser mucho más breve y más práctica. Cada cosa que se le enseñe a un alumno en cualquier carrera debe estar directamente vinculada con las oportunidades de trabajo que va a lograr después de terminar la misma. Con ese esquema, las carreras, en general, pueden acortarse inclusive hasta la mitad, porque en mi opinión son eternas. Además, el Estado tiene que contratar empresas internacionales que le digan cual es el plan administrativo ideal y ponerse como meta, por encima de colores políticos, apuntar a esa administración y planificar a largo plazo. Cada funcionario debe ser el mejor en lo suyo, elegido por su capacidad y no por compromisos políticos como ha sucedido en los últimos 50 años.

¿Qué otras ideas tiene?

Aunque nos lleve muchos años, tenemos que tener la ilusión de que este sea el país de las oportunidades, y más vale exonerar de impuestos a grandes fábricas que dar plata. El verdadero plan de emergencia no es regalarle pescado a la gente, sino enseñarle a pescar. Eso es mucho más inteligente y económico que regalar dinero, porque haciéndolo estás fomentando que haya más vagos. Y genera un sentimiento negativo en los pocos ciudadanos que se rompen el alma trabajando. Otra cosa… Si las cárceles están saturadas de presos, y si son lugares que se pretende sean el lugar de recuperación, deberían hacerse planes piloto con chacras y huertas comunitarias donde los presos trabajen la tierra, especialmente aquellos que no son peligrosos ni violentos. Nos estamos discutiendo acá si tienen o no culpa, pero deben ser tratados dignamente.

¿Hay más?

Tenemos que implementar una nueva libreta de conducir, porque manejamos mal y eso le cuesta millones a la economía y causa muchos padecimientos humanos. A mi no me molesta que me enseñen de nuevo a manejar. Cada ciudadano uruguayo tiene que tener una capacitación anual obligatoria de conducción, primeros auxilios, extinción de incendios y seguridad. Y el que no quiera hacer ese mini curso una vez al año, que pague una multa. Montevideo era muy linda en la época de nuestros abuelos, pero hoy es horrible. La estética es una herramienta fundamental para el turismo… Hay que premiar a quienes hayan restaurado sus fachadas y tengan marquesinas de época y  hay que cobrarle más a quienes tengan marquesinas espantosas o hayan arruinado la fachada, especialmente en lo que es Ciudad Vieja y Centro.

¿Aceptaría ser ministro?

Eso es inviable. Los ministros no se ubican por su capacidad sino por los aportes de votos que haya hecho a su partido. Además, en mi caso, no aceptaría ningún tipo de sueldo porque va en contra de mis principios. Crearía un cargo técnico, de carácter honorario, con la función de atraer hacia Uruguay una gran corriente inversora. Para que eso ocurra, hay que basarse en cuatro pilares: investigación de mercado, implementación de las medidas necesarias para que ese mercado este preparado para recibir inversores, comunicación internacional y capacidad local para no ahuyentar a ese inversor.

¿En que proyectos está ahora?

Estoy trabajando en el asesoramiento de proyectos de inversión, preferentemente con un concepto internacional. En la actualidad estoy especializado en proyectos del ámbito inmobiliario, pero eso no significa que no pueda incursionar en otros. Traigo muchos extranjeros, trato de que se entusiasmen con Uruguay, lo cual no es fácil, porque somos complicados, burocráticamente y tenemos una excesiva cantidad de regulaciones. A muchos inversores internacionales les interesa las costas de Rocha, pero se desestimulan ante trámites interminables e impredecibles.

¿Está trabajando sólo o en equipo?

Este es el primer año de mi vida que estoy trabajando sólo y sin empleados, lo cual es un placer porque me transformo en libre y responsable de mis propios esfuerzos y tiempos. Siempre tengo una lista de cosas que quiero aprender. Hablo cinco idiomas pero este año, por ejemplo, quiero aprender alemán. Me encanta la soledad, disfruto de los sonidos del silencio, de la brisa, de la puesta del sol, del amanecer, escuchar música en la madrugada tomando mate, o estar en el medio del campo con los animales.

¿Es en esos momentos que se vuelve más productivo?

Exactamente. Cuando uno está en contacto con la naturaleza no existe la agresividad de los celulares. No tendría ningún inconveniente en adaptarme a una historia similar a la de Robinson Crusoe, comiendo raíces y construyendo con mis manos lo que sea.


En voz baja

Un restaurante de Punta del Este:

Marismo, en José Ignacio, a la noche

Un boliche de Montevideo:

El Bar Tabaré

Una marca de ropa:

Prefiero la ropa que no tiene su marca a la vista, y me gusta el estilo clásico; pero soy feliz descalzo y de toga

Un personaje de la historia que admire:

Leonardo Da Vinci, por su creatividad

Una mujer en su vida:

Vivien, la mujer que me acompaña hoy

Una cuenta pendiente:

Desarrollar una lista de ideas en todos los ámbitos

Un sueño:

Ver una vez al Uruguay como un país de oportunidades


Última actualización el Jueves, 14 de Enero de 2010 23:24